miércoles, 28 de agosto de 2019

LA LIBERTAD NO ES NEGOCIABLE



LA LIBERTAD NO ES NEGOCIABLE

Por: Lcdo. Sergio Ramos

A todos sorprendió cuando afloró a la luz pública la noticia de que el gobierno de los Estados Unidos estaba sosteniendo “conversaciones secretas” con el régimen dictatorial castro-chavista de Venezuela. Información que fue confirmada por el propio presidente Donald Trump y por el dictador Nicolás Maduro. La pregunta es, ¿Qué están negociando? y ¿Por qué no está incluida la representación del legítimo presidente constitucional encargado de Venezuela, Juan Guaidó? Ciertamente, es muy preocupante, y nos hace recordar la aleccionadora frase de José Martí de que “En política, lo real es lo que no se ve.”
Hay una realidad que no podemos desconocer: En la política internacional, primariamente, prevalecen ante todo los intereses políticos y económicos de los gobiernos. Toda otra cuestión es secundaria; es apariencia y publicidad.
La historia está llena de ejemplos: Hace ochenta años, dos extremos del mal, el tirano de ultra izquierda Joseph Stalin y el tirano de ultra derecha Adolfo Hitler, llegaron a un acuerdo en lo que se conoció como el pacto Ribentrob-Molotov por virtud del cual la Unión Soviética y Alemania se repartían algunos países la Europa Oriental entre estos Polonia, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania. ¿Acaso importaron los intereses de los pueblos de esos países? ¿Acaso consultaron con los gobiernos de esas naciones? …Para nada. Como resultado, Polonia sufrió una horrible opresión por parte del nazismo y los países bálticos padecieron los sangrientos desmanes del genocida Stalin.
Otro ejemplo que nos toca muy de cerca, más aun, que nos duele mucho a los cubanos. Hace 57 años, durante la llamada Crisis de los Cohetes en Octubre de 1962, hubo conversaciones secretas entre el presidente John F. Kennedy y el Primer Ministro de la USRR, Nikita Khruchev, por medio del cual los Estados Unidos retiraría los misiles tipo Júpiter de Turquía, a cambio de que la URSS retirara los misiles nucleares de Cuba y a su vez los Estados Unidos se comprometió a no invadir a Cuba, ni permitir que los exilados cubanos, terceras personas y/u otros países del continente invadiesen o atacaran militarmente a Cuba, garantizándose así la perpetuidad de la tiranía comunista en Cuba. Nadie del pueblo cubano, del exilio, de las guerrillas anticastrista que heroicamente combatían en las Sierras del Escambray y en otros lugares de Cuba, ni de la clandestinidad anti-castrista, tuvo injerencia, ni fueron consultados. Fue en secreto, a espaldas y en perjuicio del pueblo cubano.
Su efecto ha sido tan perjudicial, que hoy día, casi seis décadas después, el régimen castrista sigue en el poder, esclavizando al pueblo cubano y esparciendo el maligno cáncer del castrismo por toda América Latina. Fue el interés político de Washington y el de Moscú lo que prevaleció por encima del derecho inalienable de un pueblo a su libertad. Un pacto que hoy día se aduce continua en vigor, pues la Federación Rusa asumió en sustitución, los derechos que sobre el mismo le correspondían a la extinta Unión Soviética. A partir de ese momento, aquellos exiliados cubanos que ayudaban a los opositores llevándole pertrechos a las guerrillas anticastristas o que incursionaban en costas cubanas para acatar a la dictadura, arriesgando sus vidas por la libertad de Cuba, los encarcelaban. El desespero y la frustración, sumado al deber y la lealtad para con la patria oprimida, llevó al Dr. José Miró Cardona, jefe político de la heroica Brigada 2506, a proclamar la llamada “guerra por los caminos del mundo”, por la cual también, hubo y todavía quedan, presos políticos cubanos en cárceles de Estados Unidos.
Retomando el tema del principio: Ahora están sentados, negociando en algún oscuro cuarto, a espaldas del pueblo venezolano, representantes de la narco-dictadura castro-chavista y del gobierno de Estados Unidos. Unas negociaciones que preocupan, pues podría afectar el derecho a la libertad del pueblo venezolano y que también pudiera tener repercusiones muy negativas y nefastas para la libertad de otros pueblos esclavizados por el expansionismo castrista como lo son Nicaragua, Bolivia y hasta para el mismo pueblo cubano. Más aun, los efectos de un tratado o acuerdo similar al antes indicado, que perpetúe en modo alguno el régimen dictatorial chavista de Venezuela, pudiera representar un serio peligro para todos los pueblos y gobiernos democráticos del continente americano. ¡Algo que sería inmoral e impermisible! Porque la libertad de los pueblos no es negociable.
Es preciso demandar la transparencia sobre esas conversaciones secretas, más allá de las meras declaraciones verbales de sus actores, sino exigir el acceso a las minutas y documentaciones fehacientes cursadas entre ambas partes. Así como también, exigir la presencia con voz y voto de la representación del legítimo presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó y de la oposición venezolana en dichas conversaciones, para garantizar que las mismas solo sean con el único objetivo de lograr la salida inmediata del poder del dictador Nicolás Maduro y todos sus malandros, entregándose el poder al presidente constitucional de Venezuela, Juan Guaidó.
Y con respecto al pueblo cubano, también es hora de exigir que, oficialmente y por escrito, se aclare la vigencia del Pacto Kennedy – Khruchev y en caso de estar todavía vigente, exigir se derogue de inmediato, y se reconozca el derecho del pueblo cubano y de cualquier otro pueblo bajo el yugo castro-chavista en la América Latina, a luchar por su libertad con todos los medios a su alcance.
Son los pueblos los únicos que tienen el genuino interés de procurar y salvaguardar la libertad, la democracia, la paz y el bienestar, por cuanto, compete a estos actuar solidariamente contra cualquier intento conducente a la perpetuación de cualquier tiranía, de cualquier índole, en la América Latina.
San Juan, Puerto Rico, 25 de agosto de 2019




domingo, 4 de agosto de 2019

LA CORRUPCION: ENFERMEDAD QUE ATACA A LA DEMOCRACIA


LA CORRUPCION: ENFERMEDAD QUE ATACA A LA DEMOCRACIA
Por: Lcdo. Sergio Ramos
La democracia fue definida por Abraham Lincoln como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Un sistema de gobierno basado en la voluntad de los ciudadanos todos, manifestada a través de los procesos electorales plurales, limpios y transparentes. Es un modelo de gobernanza regido por el principio de la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
La democracia se funda en un estado derecho que garantiza a los ciudadanos los derechos humanos y civiles, y en donde coexisten, en diversidad y respeto, las opiniones de todos. Es un sistema que se asienta en la tolerancia, así como en la honestidad en quienes el pueblo deposita su confianza, mediante el voto, para que los gobierne.
En la democracia, la fe del pueblo en las instituciones y en quienes las dirigen es fundamental para su estabilidad. La credibilidad de los ciudadanos en las instituciones y sus gobernantes es vital para su funcionamiento adecuado.
En la medida que la honestidad de los gobernantes sea mayor y que los principios e instituciones sean más sólidos, mayor será el nivel de buen funcionamiento, sobrevivencia y estabilidad del sistema democrático.
Sin embargo, como con las enfermedades a los humanos, hay males que atacan a la democracia y erosionan sus cimientos, llegando a provocar, a causa de su debilitamiento, hasta su derrumbe y destrucción por las fuerzas anti-democráticas que conspiran pera tomar del poder con el fin de ejercerlo autocrática y dictatorialmente.
Uno de esos males es la corrupción. Cuando los gobernantes incurren en actos de corrupción usando sus funciones públicas con el fin de lucrarse o para conceder favoritismos o el uso de influencias para sus fines personales, erosionan los pilares de la democracia y debilitan sus instituciones, esparciendo entre la población su más nocivo efecto, que es mermar la credibilidad de los ciudadanos en sus instituciones y sus gobernantes.
Un desencanto que, en la medida de su gravedad y con el transcurrir del tiempo, fomenta el descontento popular, que en muchas ocasiones provoca una explosión social cuyos desenlaces finales suelen ser peligrosamente inciertos e impredecibles, pues tras estos estallidos sociales, también suelen esconderse aquellos elementos anti-democráticos que accionan con agendas privadas, muy lejos y contrarias a las aspiraciones y reclamos autóctonos del pueblo.
Amparados en el malestar general, surgen los populistas que esgrimen, como canto de sirenas, las promesas y deseos que gustaría escuchar a la población, para luego, una vez en el poder, imponer una dictadura férrea, --- sea de derecha o de izquierda --- conculcando todas las libertades y derechos del pueblo y al final,  se convierten en los mayores abusadores y corruptos del poder, pero sin que ya nadie que los señale, critique o procese judicialmente por sus desmanes y latrocinios, porque el poder absoluto robado al pueblo, los convierte en impunes.
La historia está llena de ejemplos:
En la Cuba republicana, los gobiernos de aquel entonces cayeron en la corrupción y el favoritismo político, creando en la población un desencanto en las instituciones democráticas , factor que utilizó, primero el dictador Fulgencio Batista para dar un golpe de estado que rompió el orden constitucional del país  y facilitando el pretexto, para que posteriormente, el inescrupuloso populista y  tirano Fidel Castro, engañando al pueblo con su demagogia, tomara el poder e impusiera una cruel tiranía totalitaria comunista.
En Venezuela la corrupción de los gobernantes democráticos abrió la puerta para que el dictador Hugo Chávez intentara dar un golpe de estado y luego de su amnistía, se lanzó al ruedo político con su demagógico populismo e impuso una dictadura pro-castrista, cuyos nocivos efectos seguimos viendo con la continuidad del dictador Nicolás Maduro.
Los cierto es que aquellos que subieron al poder prometiendo erradicación de la corrupción, una vez se entronizan, resultan ser más corruptos que los desplazados que les antecedieron en el poder.
Tanto en el caso de Cuba como el de Venezuela, la corrupción los arropa, solo que, a diferencia de la democracia, el pueblo no puede manifestar libremente su descontento, quedando impune el latrocinio y el enriquecimiento ilícito de los gobernantes.
Los hechos hablan por sí solos: A Fidel Castro, en vida, a mediados de los noventa, se le encontró en bancos en Suiza una fortuna de $1,900 millones de dólares y tras su muerte su herencia se estima en $900 millones de dólares. A Raúl Castro se le estima una fortuna de más de $500 millones de dólares guardada en paraísos fiscales. En el caso de Venezuela a Hugo Chávez se le estimaron $3,600 millones de dólares, ahora en manos de su hija María Gabriela Chávez. A Nicolás Maduro se calcula que tiene $953 millones de dólares, solamente en el Banco del Vaticano, según recientemente fueron descubiertos y el número dos del chavismo, Diosdado Cabello posee una mal habida fortuna estimada en $3,500 millones de dólares. Tanto en el caso de Cuba como en el de Venezuela, se trata de fortunas amasadas por el robo a las arcas públicas de dichos países.
Todos estos dictadores, escondieron sus perversas intenciones tras su demagogia populista y manipularon para su beneficio, los sentimientos, las aspiraciones y malestares de sus respectivos pueblos, para hacerse con el poder; y una vez lo tomaron, aferraron a este, y ahora, con total impunidad, están haciéndose cada día más ricos, a costa de la esclavización y empobrecimiento de sus respectivos pueblos.
De todos es sabido que el mal de la corrupción ha golpeado --- y golpea --- a las democracias latinoamericanas. Sin embargo, aunque ninguna sociedad está exenta de padecer eventos de corrupción, las democracias con instituciones sólidas, en donde los ciudadanos poseen arraigados valores de la honestidad y la honradez, sobreviven a este mal. De ahí la necesidad de que los países tomen medidas severas contra este mal endémico, para la salvaguarda del sistema democrático en el continente.
Por eso a la democracia hay que habilitarla de mecanismos legales e institucionales fuertes e independientes que velen, castiguen e impidan con todo rigor y severidad los actos de corrupción. La democracia, como sistema, tiene derecho a defenderse de los males que le acechan.
San Juan, Puerto Rico a 04 de agosto de 2019



domingo, 14 de julio de 2019

VICTIMAS DEL REMOLCADOR 13 DE MARZO

UN HORRENDO  CRIMEN SIN CASTIGO 
EXIGIMOS JUSTICIA

SALARIOS DIGNOS, NO MIGAJAS



SALARIOS DIGNOS, NO MIGAJAS
Por: Lcdo. Sergio Ramos
Con bombos y platillos el régimen castrista ha anunciado aumentos de sueldo para los trabajadores estatales y las pensiones a los jubilados. El sueldo medio del cubano será de 871 pesos nacionales al mes, lo que representan al cambio actual de 24 pesos por dólar, unos $36.29 US dólares mensuales; mientras que el promedio de las pensiones subirá a 500 pesos nacionales al mes que implican $20.83 US dólares mensuales.  Esta medida abarcará a 3,067,000 trabajadores del sector estatal y 1,281,523 pensionados.
Obviamente, como dice el refranero “¿A quién le amarga un dulce?”, pero resulta que tales aumentos son todavía extremadamente bajos, inadecuados e insuficientes para el sostenimiento de modo digno y adecuado de los trabajadores y sus familias.
Para empezar, según un estudio comparativo del salario en América Latina, Cuba, aun con dicho aumento, sigue estando en el penúltimo lugar en la escala salarial latinoamericana, solo por encima de Venezuela (otro país que sigue los desastrosos pasos económicos de Cuba y cuyo salario medio actual de $6 US dólares mensuales), y por debajo de Haití, un país tradicionalmente paupérrimo. (En Haití el salario medio en dólares es de $70 US Dólares mensuales).
La insuficiencia salarial se destaca cuando tales salarios y pensiones los confrontamos con los altos precios la canasta básica de los consumidores cubanos. Así, por ejemplo, vemos que el litro de aceite cuesta $3 pesos nacionales. Un huevo vales $4 pesos nacionales. El arroz cuesta $5 pesos nacionales la libra. Los tomates a $8 pesos nacionales la libra. La malanga está a $10 pesos nacionales la libra. La Yuca a $4 pesos nacionales los frijoles a $20 pesos nacionales. La libra el boniato a $3.50 pesos nacionales. La libra de carne de puerco se cotiza a $57.50 la libra.
A estos precios hay que añadir la ineficacia del sistema en proveer los artículos alimentarios básicos, lo que genera la existencia de un mercado paralelo de bolsa negra; con el agravante de que muchas veces, el Estado vende esos productos en divisa o pesos convertibles (CUC), haciéndolos inaccesibles para los trabajadores cubanos y sus familias. En resumen, que para empezar medianamente a satisfacer sus necesidades adecuadamente, se estima que una familia cubana necesita ganar por lo menos, el equivalente a $86.41 US dólares mensuales (2,73.84 pesos nacionales), pero su salario promedio solo llega a $36 US dólares. Y mucho peor es la situación para los pensionados que solo reciben el equivalente a $20 US dólares mensuales.
El trabajador cubano necesita un salario digno, no migajas concedidas por el estado totalitario para justificar con treatrizaciones populistas su ineficiencia intrínseca y la explotación de los trabajadores por el régimen. En realidad, al régimen nunca le ha interesado sacar de la pobreza a los trabajadores cubanos, pues esta es parte del rejuego de control social y dominio del Estado totalitario sobre los ciudadanos. En este sentido la dictadura castrista ha venido violando sistemáticamente un derecho humano de los trabajadores cubanos contenido en el Artículo 23 inciso 3 de la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que establece que: “3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.” 
El régimen cubano no tuvo para nada en cuenta las precarias condiciones económicas y las necesidades de los trabajadores cubanos y sus familias, lo cual viola el Convenio relativo a la fijación de salarios mínimos Número 131 de 1970 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que en su Artículo 3 establece que: “Entre los elementos que deben tenerse en cuenta para determinar el nivel de los salarios mínimos deberían incluirse, en la medida en que sea posible y apropiado, de acuerdo con la práctica y las condiciones nacionales, los siguientes: (a) las necesidades de los trabajadores y de sus familias habida cuenta del nivel general de salarios en el país, del costo de vida, de las prestaciones de seguridad social y del nivel de vida relativo de otros grupos sociales; (b) los factores económicos, incluidos los requerimientos del desarrollo económico, los niveles de productividad y la conveniencia de alcanzar y mantener un alto nivel de empleo.”
Detrás de las medidas salariales del régimen hay otro propósito muy alejado al de proveer el bienestar a los trabajadores. Actualmente en Cuba hay un malestar de fondo con las condiciones sociales y económicas que padece la población y que eventualmente puede llevar a explosiones sociales que pudieran afectar la estabilidad de la casta gobernante. Ante tal temor, la dictadura optó por amainar la situación con un raquítico aumento de salarios mínimos.
Pero lo cierto es que las condiciones de escases y pobreza continúan, pues el problema radica en un mal intrínseco del sistema político, social y económico imperante en el país. Luego el camino a la reivindicación de los trabajadores cubanos empieza por el cambio radical del sistema político, social y económico. Pues Cuba necesita ser un país de trabajadores libres, respetados plenamente en sus derechos humanos y laborales, que devenguen salarios adecuados y justos, que les permitan una vida digna para sí y sus familias. Pero para lograrlo hay que primero cambiar el sistema.
Insisto, el mal de Cuba es de naturaleza sistémica y mientras este no cambie totalmente y de raíz, continuaran los males y el sufrimiento del pueblo.
San Juan, Puerto Rico a 12 de Julio de 2019.


sábado, 6 de julio de 2019

VIVIENDA DIGNA Y SEGURA ES UN DERECHO



VIVIENDA DIGNA Y SEGURA ES UN DERECHO
Por: Lcdo. Sergio Ramos

Duele ver el triste espectáculo de familias cubanas durmiendo en portales por miedo al desplome de ruinosas viviendas. Son muchas los miles de familias cubanas que residen hacinados en inseguras edificaciones, con riesgo para sus vidas por causa de derrumbes.
Según estadísticas oficiales para 2018 se calcula que en país hay 9,823 cuarterías y unas 84,452 viviendas en estado precario. Además, hay 854 edificios residenciales en estado crítico, todo lo cual se estima que afecta unas 849,753 personas. A ello cabe añadirse el déficit de un millón de   viviendas, lo cual afecta a 2.5 millones de habitantes en todo el país.
Este no es solo este el único gran problema que día a día padece el pueblo cubano. Añádase la falta de alimentos y medicinas, las condiciones insalubres de los hospitales, la mala calidad del transporte público, entre otros muchos.  
Se trata de un mal endémico cuya raíz está en la ineficiencia intrínseca del impuesto sistema económico, político y social que ha arruinado al país tras 60 años de dictadura comunista, y el cual se caracteriza por el centralismo totalitario, el clasismo y la privilegiación.
El improductivo sistema económico genera los escases de los materiales necesarios para la construcción de nuevas viviendas y la reparación y el mantenimiento adecuado de las existentes. A su vez, el control del Estado en la distribución y venta de aquellos limitados materiales que éste pone a disposición del público, son vendidos a precios exorbitantes en divisas o moneda convertible (CUC), inaccesibles para el salario de los ciudadanos, lo cual genera la existencia de un mercado negro basado en la corrupción y el robo.
Esto súmesele el problema generado por el enfoque clasista de privilegios en favor de aquellas personas incondicionalmente comprometidas con la dictadura, a los cuales el Estado les otorga viviendas, alimentación y servicios médicos en detrimento de las personas más necesitadas y las cuales son otorgadas en mayor calidad y cantidad en cuanto mayor sea la jerarquía dentro de las estructuras políticas del Estado.
En el fondo, el régimen cubano no puede, ni le interesa, resolver el serio problema de la vivienda que sufre el pueblo, pues la pobreza es parte del control social que el estado totalitario ejerce sobre el ciudadano.
Así pues, el Estado cubano viola institucionalmente un derecho humano contenido en el artículo 25, inciso 1, de la Carta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que establece que: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial a la alimentación, el vestido, la vivienda…” (énfasis nuestro)
En otras palabras, todos los seres humanos tienen derecho a una vivienda digna y segura. Un derecho que sistemáticamente el régimen le ha conculcado al pueblo cubano durante décadas.
Bajo las actuales condiciones, resulta imposible la solución del serio problema habitacional que padece el pueblo cubano. Se trata de un problema sistémico. O sea, que es causa de una economía centralizada, ineficiente e improductiva, dentro de una sociedad dominada por una casta privilegiada, exclusivista y minoritaria que ostenta el dominio absoluto de un estado dictatorial y totalitario.
Para dar solución de este mal y a muchos otros que padece el pueblo cubano, se requiere la sustitución de la economía centralizada o en cualquier forma dirigida y controlada directa o indirectamente por el estado, por un sistema económico que abra el país al libre empresarismo y mercado para todo el pueblo sin distinciones. Esa libertad empresarial hará incentivar la productividad y acrecentar la economía, al tiempo que incrementará el empleo y elevará el salario de los trabajadores, por ende, el nivel de vida de la población; y consecuencia, se incrementará la producción de los materiales de construcción y provocará su abaratamiento en el libre mercado, garantizando su accesibilidad al pueblo para la reparación de sus viviendas y la construcción y/o adquisición de otras nuevas. Por otro lado, la libertad de empresarismo generará la apertura del mercado financiero, lo que permitirá la adquisición de préstamos para los inversionistas desarrolladores de viviendas y para los ciudadanos en general que deseen adquirir una vivienda nueva, lo que hará accesibles la adquisición de viviendas seguras y dignas con verdaderos y plenos títulos de propiedad.
Luego la solución del grave problema de la vivienda, y demás escases y penurias que sufren los ciudadanos cubanos, empieza por el cambio total y profundo del sistema político, social y económico imperante en el país. Un cambio enmarcado dentro de un sistema inclusivo y participativo de todos los cubanos basado en el democrático pluralismo político, la justicia social, y la libertad empresarial y de mercado.
San Juan, Puerto Rico a 4 de julio de 2019.


lunes, 24 de junio de 2019

EL GENOCIDIO COMO POLITICA DE ESTADO






EL GENOCIDIO COMO POLITICA DE ESTADO
Por: Lcdo. Sergio Ramos
Una de las características de los regímenes comunistas es su indolencia hacia la vida de las personas, sobre todo, respecto a aquellos que disienten o se les oponen. Una crueldad que ocultan tras la máscara de supuestos defensores de los pobres y reivindicadores del proletariado, cuando en realidad solo sirven a sus intereses y ambiciones desmedidas de poder y riqueza de una nueva clase que se apropia de los derechos y el poder que le corresponde al pueblo. Para ellos, no hay moral ni principios, sino que “el fin justifica los medios”, como sentenciara Vladimir Lenin. El fin supremo del comunista es el poder absoluto, y para conseguirlo todo está justificado: Mentir, usurpar, robar, esclavizar, matar….
Hace treinta años el pueblo chino se concentró masivamente en la Plaza de Tianamen para reclamar libertad y el respeto a los derechos humanos. La respuesta no se hizo esperar. La dictadura china envío los tanques para dispersar a los manifestantes, sin embargo, los primeros en llegar se paralizaron ante el valor de los manifestantes. A lo cual el régimen entonces envío otras tropas las cuales masacraron a los manifestantes. Se calcula en unas 10,000 personas asesinadas por las fuerzas de seguridad del régimen chino durante aquellas protestas.
Nada nuevo en la historia de la China comunista. Al fundador de ese régimen, el dictador Mao Tse Tung, se le calcula haber asesinado unos 45 millones de chinos.
Se trata de una macabra política de estado aplicada por los dictadores totalitarios siguiendo la perversa metodología para el sometimiento y esclavización de los pueblos diseñada por Vladimir Lenin y perfeccionada por Josef Stalin en la URSS. A este último se le estima haber matado unos 23 millones de seres humanos.
En Corea del Norte, el fundador de régimen comunista en ese país, Kim il Sung, se le calculan un total de 1.6 millones de asesinatos.  Otro tanto asesinó su hijo y sucesor Kim Jong-il y otros más, su nieto y actual dictador Kim Jong-il.
En Camboya, el régimen del sanguinario Soloth Sar, más conocido como, Pol Pot se le estima haber asesinado unos 2 millones de personas.
En Rumanía el dictador comunista Nicolás Ceaucescu se le calcula haber asesinado unas 80,000 personas.
Las dictaduras totalitarias, más allá de su corte político, se caracterizan por la total inclemencia ante la vida, sobre todo de quieres se les oponen o molestan a sus ambiciosos fines de apoderarse del poder absoluto. Así también vimos como Hitler asesinó 6 millones de judíos en lo que históricamente se le conoce como el Holocausto. Sin embargo, los regímenes comunistas de Stalin y de Mao Tese Tung, por si solos, cada uno de ellos por separado, mataron muchas más personas.
Hoy en la América Latina tenemos tres dictaduras comunistas que están aplicando las políticas de exterminio contra opositores: La dictadura castrista en Cuba, la dictadura de Ortega en Nicaragua, y la dictadura de Maduro en Venezuela.
Al presente la dictadura comunista de Cuba se le calcula haber asesinado 7,365 personas. Por su parte, el régimen de Nicaragua se le estima unos 561 opositores asesinados durante las recientes protestas. Y al dictador Nicolás Maduro en Venezuela se le estiman unos 726 asesinatos de opositores.
Todas estas dictaduras comunistas tienen algo en común: El total menosprecio por la vida de los seres humanos. Un macabro reflejo del carácter inhumano y despiadado los sistemas comunistas. No en balde el papa Pío XII definió al sistema comunista como “Intrínsecamente perverso”
Se trata de regímenes que tienen como política de estado el genocidio contra sus adversarios, y que usan indiscriminadamente la violencia para perpetuarse en el poder. Tales gobiernos no deben tener cabida en el concierto de las naciones civilizadas. Son regímenes que no salen por las buenas.
San Juan, Puerto Rico, 9 de junio de 2019.

domingo, 5 de mayo de 2019

NO MAS IMPUNIDAD


NO MAS IMPUNIDAD

Por: Lcdo. Sergio Ramos
Los regímenes totalitarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua se han caracterizado por la constante violación de los derechos humanos de sus respectivos pueblos, así como también por la comisión de numerosos crímenes de lesa humanidad sobre la población que se les opone.
En Cuba desde los comienzos de la toma por poder por el régimen castrista hace 60 años sido muchos los crímenes de lesa humanidad empezando por las decenas de ejecuciones extra-judiciales ordenadas por el dictador Raúl Castro en Santiago de Cuba los primeros días de enero de 1959, pasando por las ejecuciones de opositores en la fortaleza de la Cabaña bajo el mando del genocida Ernesto (Che) Guevara y por órdenes del tirano Fidel Castro y su hermano Raúl Castro. En la década de los sesenta, durante la lucha de las guerrillas anti-castristas en las Sierras de El Escambray y otros lugares del país se fusiló sin juicio a cientos de cubanos que apoyaban las guerrillas pro-democracia. Más tarde, en los setenta y ochenta, cuando Cuba se involucró en las guerras en varios países de África, (Angola, Somalia, Etiopia, Eritrea, etc.) tropas cubanas cometieron serios crimines de lesa humanidad contra los habitantes de dichos países. En la década de los noventa la dictadura castrista cometió uno de los más horribles crímenes al hundir el remolcador “13 de marzo” asesinando a niños, hombre, mujeres y ancianos, con un total de 42 víctimas.  Añádase el hecho de cientos de precarias embarcaciones y balsas con cubanos que huían de la dictadura castrista que fueron asesinados por la Marina de Guerra de Cuba. También señalar el cobarde derribo de las Avionetas civiles de los Hermanos al Rescate en espacio aéreo internacional por aviones de combate de la Fuerza Aérea cubana por órdenes expresas y directas del dictador Raúl Castro; hecho acaecido mientras trataban de rescatar a los balseros cubanos que salían del país en busca de libertad en otras tierras. Y más recientemente aun, ya en el Siglo XXI los asesinatos de opositores pacíficos tales como Osvaldo Paya Sardiñas, Orlando Zapata Tamayo, Berta Soler, entre otros. Añádase los miles de cubanos que han sido torturados por el Departamento de la Seguridad del Estado en la tenebrosa Villa Marista en La Habana, en El Castillito en Santiago de Cuba y otras dependencias de la policía política castrista.
En Venezuela la dictadura pro-castrista de Nicolás Maduro ha cometido serios crimines de lesa humanidad, asesinando a los estudiantes y venezolanos en general que protestaban pacíficamente reclamando el respeto de los derechos humanos y restauración de la democracia en el país. También están los serias torturas y asesinatos cometidos por el SEBIN contra los opositores venezolanos como lo es el caso del Fernando Albán. También cabe destacar el asesinato de Oscar Pérez y sus colaboradores que fueron asesinados por las fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana; y el asesinato durante una manifestación opositora del violinista Armando Cañizares Carrillo por tocar con su violín el Himno Nacional de Venezuela durante las protestas. Cabe destacar el asesinato de 25 indígenas perteneciente a las tribus de los Pemones en la frontera con Brasil. Y en días recientes, cuando el mundo vio como las tanquetas chavistas embestían a los pacíficos opositores que protestaban en las calles asesinando a los valientes jóvenes venezolanos.
En Nicaragua, donde la dictadura pro-castrista de Daniel Ortega también ha cometido serios crímenes de lesa humanidad, de los cual hay que destacar que en las últimas protestas pacíficas de opositores que reclaman la democracia para ese país y en el periodo de un año a la fecha, las fuerzas gubernamentales han asesinado unos 545 opositores, de ellos unos 23 niños. Entre los opositores podríamos mencionar el asesinato por las fuerzas gubernamentales de Pedro Mondragón en Nueva Segovia, y del Profesor Carlos López en Masaya o el dramático crimen del incendio de la vivienda de un opositor en donde murieron calcinados 8 personas entre ellos el jefe de la familia Oscar Velázquez Pavón y sus dos hijos menores de edad de ocho meses y de dos años. También hay que añadir los cientos de detenidos y torturados por esa dictadura.
En los tres casos sería interminable la lista víctimas y de crímenes de lesa humanidad cometidos por las mencionadas dictaduras.
La dictadura de los hermanos Castro lleva 60 años, la de Maduro y su antecesor Hugo Chávez lleva 20 años y la de Daniel Ortega desde hace 12 años, todas ellas asesinando, torturando y encarcelando impunemente a sus respectivos pueblos.
¡La impunidad de los crímenes de lasa humanidad es inaceptable.! Es hora ya de que se les aplique a los responsables y co-autores de dichas dictaduras el Estatuto de Roma de 1998, más conocido como el estatuto de la Corte penal Internacional que establece como delitos los crímenes de genocidio y los de lesa humanidad (Artículos 5, 6 y 7).
En repetidas ocasiones los opositores de Cuba, Venezuela y Nicaragua han solicitado que los dictadores Raúl Castro, Nicolás Maduro y Daniel Ortega sean procesados por sus genocidios, crímenes y violaciones de derechos humanos ante ese alto organismo judicial internacional.
De hecho, ha habido manifestaciones recientes de los presidentes de Colombia, Iván Duque y de Chile, Salvador Pineda en cuanto a la posibilidad llevar ante la Corte Penal Internacional al dictador Nicolás Maduro, lo cual es justo y necesario, pero ha de incluirse a Raúl Castro y Daniel Ortega. Así también,  requerir se adhieran a este reclamo de justicia todos los presidentes democráticos de Latino América. 
Se trata de un clamor de justicia que debe ser oído y puesto en práctica a la mayor brevedad posible.  Es imperativo, someter ante dicho organismo judicial internacional a los Dictadores Raúl Castro, Nicolás Maduro y Daniel Ortega para que se haga justicia y no prevalezca la impunidad.
San Juan, Puerto Rico a 4 de mayo de 2019